La educación no es llenar un cubo, sino encender un fuego

Quienes conocemos de cerca el magnífico trabajo por y para la cultura científica que Elena León ha desarrollado en nuestro instituto sabemos que esa frase del cubo y el fuego, atribuida al escritor irlandés William Butler Yeats, se ajusta a la perfección al esfuerzo pedagógico y vital que durante tantos años, de forma tan rigurosa como entusiasta hasta el mismo día de su jubilación, ha realizado nuestra compañera y amiga Elena, nuestra Elena, Elena la del laboratorio, "FIDiElena".
Mucho antes de que la cambiante normativa curricular sobre procesos de enseñanza estableciese la necesidad de convertir al alumnado en protagonista a través de situaciones de aprendizaje, mucho antes, ya desde el Blas Infante de los noventa, Elena sabía de forma natural que la curiosidad investigadora, la afición a hacerse preguntas y la vocación de articular respuestas para mejorar el día a día, no surge llenando pesados cubos de teoría inconexa con la realidad, sino encendiendo el fuego transformador del verdadero conocimiento mediante la aplicación práctica y laboriosa de lo aprendido.
En este sentido, cabe decir que la forma de enseñar ciencia de Elena, siempre con amable sencillez en las formas y con tenaz determinación en el fondo, representa y continúa una loable tradición, la del esfuerzo intelectual y moral de tantas mujeres y hombres empeñados en convertir el avance científico en un bien universal de aprovechamiento cotidiano, el mismo esfuerzo que a principios del siglo XX basó la actividad de la Institución Libre de Enseñanza y de la Junta de Ampliación de Estudios y de Investigaciones Científicas, dirigida por Santiago Ramón y Cajal, el mismo esfuerzo que motivó a una joven estudiosa llamada Margarita Salas a desentrañar misterios de la bioquímica en la década de los sesenta, una época menos luminosa de nuestra Historia.
Conectar un instituto de educación secundaria con centros investigadores de gran prestigio a través de decenas de pequeños y grandes proyectos de aula hubiera podido parecerle a cualquiera una empresa demasiado ambiciosa y desproporcionada, justo la que ha hecho realidad Elena con FIDIciencia, proyecto de proyectos, bendita locura con los pies en la tierra, jóvenes saliendo del instituto con la bata blanca ya en la cabeza y en el corazón.
La expresión "merecida jubilación" constituye un tópico muy socorrido cuando alguien llega al fin de su más o menos esforzado camino laboral.
En el caso de Elena no recurrimos al tópico sin más porque sabemos que se ha dejado la vida enseñando y que ha llegado para ella el tiempo de parar, la gozosa edad del júbilo emprendiendo otras aventuras.
De corazón, Elena, nuestra Elena, Elena la del laboratorio, "FIDiElena", te deseamos lo mejor en esta nueva etapa y que la fuerza te acompañe.*
Si alguien, al pasar por el Laboratorio de Biología y Geología "Elena León Rodríguez" se pregunta el porqué de ese nombre, que revise estas dos últimas publicaciones.
Nos sobran los motivos...
*Texto: Raúl Ávila Gómez @raulavilagomez








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